16 diciembre 2013

Carta abierta al hincha troglodita*



Si ud se siente aludido y su comportamiento es ejemplar usted no sabe el significado de la palabra troglodita.

Ayer perdí la esperanza en la humanidad. No sólo por sus acciones Señor Hincha si no por lo que éstas generan en gente como yo. Usted y sus amigos, justificados en la inmensa "pasión", la sangre de color verde, azul o amarilla y el resto de galimatías similares que utiliza para explicar su comportamiento ilógico y desmedido, hacen que, momentáneamente, personas como yo (con un mínimo de conocimiento de los derechos ciudadanos y respeto hacia el otro) se convierta en un igual suyo (al menos de pensamiento) y quiera con mucho ahínco abrazar la violencia física y darle una patada en las bolas. 

¿Qué haría usted si una horda de entre 50 y 60 hinchas "fervorosos" y en estados alterados de conciencia (vaya uno a saber si por la "felicidad", la adrenalina o cualquier otro estimulante externo) se apoderan de la vía pública, entorpece el tráfico y, además, vandalizan el vehículo en el que usted se transporta? ¿y si desprevenidamente va en su carro, atraviesa esta tropa de subnormales y se da cuenta que su retrovisor ya no está, tiene varias hendiduras en las puertas y daños generales que le van a costar un ojo de la cara? ¿Y si usted es tan desafortunado que va en moto, recibe un puñado de harina en la cara, pierde el control de su vehículo y además lo recibe un coro de patadones en el suelo? Le aseguro "Señor Hincha" que usted no estaría muy contento, sobre todo por su particular manera monosílaba de pensar… Pues le cuento señor que yo tampoco lo estuve, y sí, me llené de una ira absurda y me dieron muchas ganas de que cualquier otro carro los embistiera o que lo partiera un rayo, se lo comiera un zombie o cualquier otra plaga de escenario apocalíptico... Y eso, sobre cualquier otra cosa, es lo que más me entristece de esta situación, que su forma de actuar señor, saca lo peor de todos nosotros, que su forma de "celebrar" detona violencia, que usted haga que la gente como yo "le coja" pereza al fútbol, y sobretodo, que haga quedar tan mal al equipo que tanto "ama".

Le recuerdo Señor Hincha que esta ciudad es de todos, de los dos y medio millones de habitantes en los que cabemos usted y yo, y que de ninguna manera es aceptable que usted se tome la ciudad para "celebrar" y yo me tenga que quedar aterrorizada en mi casa porque usted no puede "festejar" sin respetar mis derechos.

Le aclaro Señor Hincha que no estoy en contra de la felicidad que le genera que "su equipo" tenga otro título, mi discusión es, directamente, con el método que usted emplea para expresar ese regocijo. Según nuestra constitución todos tenemos derecho al libre desarrollo de la personalidad, por eso me tiene sin cuidado si usted se embriaga hasta las pestañas, o si se baña el harina o se tatua del cabo al rabo con los colores de su equipo del alma, no me importa si se fuma toda la hierba de Paraguay y/o se muele a palos con sus "iguales" pero a mí ¡déjeme sana! no me incluya en sus festejos, las personas que me conocen dirán que no soy buen material para "prender" una fiesta y realmente, créame, a usted ni le quita ni le pone. Dedíquese a compartir su alegría con los suyos, y si ese amor que le tiene a su equipo le genera una necesidad incontenible de hacer daños en algunos bienes, hágalo con los suyos, destroce su moto, su carro o su casa, pero no se ensañe con el bien público o con los bienes privados de los ciudadanos desprevenidos que transitan próximos a usted.

Señor Hincha, aprovecho también para sermonear a otros responsables de esta situación, porque realmente el problema es más grande de lo que pensamos, y no es, en su totalidad, culpa de su descabalado comportamiento. ¿Qué pasa con los dueños de los equipos, los técnicos, los jugadores? ¿Cuáles son sus responsabilidades frente a este caos? El ejemplo señores... ¿Acaso los hinchas son "billeteras con patas" que sólo importan para comprar boletas y camisetas? ¿Dónde está su responsabilidad social? ¿Dónde están los programas educativos de su equipo y las estrategias frente a la no violencia en los estadios y fuera de ellos? ¿Y el deporte como escenario para la paz? ¿Y el "juego limpio" señores?

Socavaré un poco más y me inmiscuiré en la "justicia" de este país, porque sé, Señor Hincha, que sumercé hace lo que le viene en gana porque sus actos no tienen ninguna repercusión legal, y menos, cuando decide salir en "patota" a espacios diferentes a las afueras del estadio y no hay Policía que se les enfrente. Usted y los otros 49 Señores Hinchas funcionan como un conjunto, por eso las decisiones irracionales que se toman no son responsabilidad suya únicamente, no, usted se mueve por el "deseo" irracional de todos, comportamiento de masa que llaman.

Por eso es tan difícil que lo judicialicen, y por eso es que la justicia de este país (hipotéticamente afirmando su existencia) debería hacerse a otros medios para poder imponer sanciones legales a estos colectivos. Hablo desde mi desconocimiento técnico, pero quizá, porqué no, se imputa la responsabilidad legal de estos desmanes a los mismos equipos, sancionando a la colectividad, condenando ejemplarmente la violencia y exigiendo un buen comportamiento a los hinchas a costa del amor incondicional que le profesan a sus equipos. Si un verdadero hincha se interesa en el bienestar de su equipo muy posiblemente no generará acciones que le perjudiquen directamente y además, podrá convertirse en veedor de este bienestar.

Finalmente, Señor Hincha, le invito a que reflexione, ¿qué está haciendo usted por su ciudad, la que es sede de su equipo del alma? ¿Qué le está aportando a la imagen pública de los colores de su uniforme?

Me despido con ganas de que ningún equipo en este país se vuelva a ganar un título,  ni nacional ni internacional ni en la liga o copa tapitas, sabiendo, en últimas que esta no sería la solución, porque finalmente, si seguimos como vamos, el comportamiento violento, irracional y descabalado del ser humano encontraría cualquier otro asidero.

*Troglodita: cómo la Real Academia de la Lengua lo consigna, dicho de una persona bárbara y cruel. Nótese que esta carta abierta no está remitida a todos los hinchas del fútbol colombiano, ni más faltaba, sólo a la población que cabe en la definición de este adjetivo, tampoco a un color en especial, va para todos los que tienen un comportamiento guiado por su cerebro reptílico, básico e irracional indiferente del equipo al que le declaren devoción.



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