07 septiembre 2010

De la crudeza a la belleza: redescubriendo a Lars Von Trier


Debo confesar que mi primera experiencia con el señor Lars no fue para nada satisfactoria, cometí el error o la fortuna (a estas alturas no sé cual de las dos) de conocerlo “intempestivamente” por la recomendación de una compañera de trabajo cuyos gustos cinematográficos ahora se me hacen imposibles de categorizar, su recomendación fue Antichrist (2009).




Antes de embarcarme en los sinuosos lenguajes de Von Trier no tuve ninguna advertencia mas que “véasela que es muy buena”, ingenuamente y sin contexto alguno me senté frente a Antichrist. La película empieza con una hermosa composición en blanco y negro en donde planos, fotografía y en general la belleza del conjunto puede llegar a encantar al más escéptico crítico cinematográfico. Durante la contextualización siguiente la película incluso se torna lenta parte de la preparación emocional al espectador para después tomarlo por sorpresa. El cambio de tono es considerable, incluso transgresor, el tensionante desenlace construido a base de impactantes escenas, crudeza y visceralidad, hacen que el más valiente mire de reojo o incluso utilice su último recurso: el fast forward, me incluyo en este grupo.


Y aunque muy cruda para mi gusto Antichrist me dejó sonando la campana Von Trier precisamente porque aborda la naturaleza humana desde una perspectiva profunda y esencial. Pero quedé con el sinsabor de un trabajo quizá incompleto y una perspectiva tal vez sesgada, y es que el polémico director danés sólo despierta extremos: o lo amas o lo odias, y yo creo estar en el proceso de definir bando.

Dogville by Quentin Juhel on Vimeo


Así fue como le di una segunda oportunidad y me decidí por Dogville (2003), de ésta sí tuve muchas apreciaciones, en general todas buenas, dudosa llegué a pensar que quizá no estábamos hablando del mismo Von Trier. De Dogville sólo puedo decir que es una obra maestra, hermosa, simple, limpia y reveladora. La disposición de la “escenografía” que no rebasa algunos elementos indispensables como una banca, un par de vasos y algunas sillas, tiene más trascendencia en el desarrollo de la trama que las mismas paredes o fronteras físicas del espacio que en este caso son reemplazadas por trazos de triza en el piso. La ausencia de objetos que se nota cuando empieza la película se va diluyendo en un argumento envolvente que recorre el prisma de emociones de principio a fin, del más puro sentimiento de comprensión al más crudo rencor. Realmente lo que me cautivó de Dogville fue la manera en que se aborda la naturaleza del ser, desde la dualidad y la incoherencia, y es que así somos, imperfectos, irracionales, incomprensibles, impredecible, instintivos y maquiavélicos.

Y después de mi crítica y apreciación aquí estoy todavía con la disyuntiva de amar u odiar a Von Tier y para eso le voy a dar una tercera oportunidad con Manderlay (2005) la segunda parte de la saga USA: Land of Opportunities. Sobra decir que les recomiendo que conozcan este peculiar director y su cruda manera de ver el mundo, quizá reconozcan algo de ustedes en él o terminen cada una de sus películas con la duda existencial de no saber si lo que se muestra en su narrativa es muy real o de más muy ficticio.
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